Café Literario El Condado de Jaén

Primer café literario del Condado de Jaén, con Jesús Maeso de la Torre. El pasado viernes, 7 de junio de 2019, se celebró el primer café literario de la red de clubes de lectura de la comarca de El Condado de Jaén, que forma parte del plan de animación a la lectura impulsado por ASODECO y los ocho ayuntamientos de la comarca en el marco del convenio de cultura y deportes con la Diputación de Jaén. El proyecto también cuenta con la colaboración del Certamen Internacional de Novela Histórica de Úbeda, que aporta novelas históricas a los clubes de lectura, como la presencia de escritores en los cafés literarios. 

Unos cien participantes de los clubes de lectura de los pueblos de Vilches, Arquillos, Navas de San Juan, Santisteban del Puerto, Castellar, Chiclana de Segura, Montizón y Sorihuela del Guadalimar se reunieron en la sala Miguel Hernández de Navas de San Juan.
En el acto se entregaron las novelas recibidas y leídas de final de abril y han recogido las nuevas novelas que se leerán y discutirán hasta finales de julio, momento donde se celebrará el segundo café literario en Castellar. Son diez clubes de lectura que funcionan en red en un nuevo e innovador modelo de animación.

El café literario fue abierto por Joaquín Requena, alcalde de Navas de San Juan y presidente de ASODECO, que dio la bienvenida a los participantes, y manifestó el compromiso municipal de todos los ayuntamientos de la comarca en el proyecto. 
Escritor invitado, Jesús Maeso de la Torre
El escritor invitado, Jesús Maeso de la Torre, a este primer café literario fue presentado por Sebastián Lozano Mudarra, gerente de ASODECO. Nacido en Úbeda, 1949, conferenciante y articulista, conocido fundamentalmente por sus novelas históricas.

Doctor en Filosofía e Historia en la Universidad de Cádiz. Ha simultaneado la docencia con la investigación, la literatura y la divulgación histórica. Es académico de número de la Real Academia Hispanoamericana de Ciencias, Artes y Letras y correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española con sede en Nueva York. Es igualmente ateneísta de mérito del Ateneo Literario, Científico y Artístico de Cádiz y miembro de la Sociedad Andaluza de Estudios Históricos y Jurídicos. Profesor invitado en diversas universidades y foros de cultura del país, ha impartido más de un centenar de conferencias sobre literatura, historia y talleres literarios.
Colabora en diversos periódicos como El País, La Voz de Cádiz, y ABC y ha recibido numerosos premios literarios. De sus quince novelas históricas publicadas las dos últimas han abordado la presencia de España en América, “Comanche” y “Los hijos del Sol”, firmado con el pseudónimo Morgan Scott.
“Los hijos del Sol”
Sebastián Lozano dijo sobre la novela que “hacía pocas semanas el nuevo Presidente de Méjico, López Obrador, envió una carta al Rey de España exigiéndole pidiese disculpas por la conquista de México por los españoles, justamente cuando se cumple este año los quinientos años, en 1519”.
“Precisamente de esto va esta novela”-continuó diciendo-. “El Rey de España y el gobierno de España ignoraron la petición, como si no se hubiese recibido. Pero gracias a esa carta yo me enteré de que se cumplía este quinto centenario y para entonces ya se había publicado la novela Los hijos del Sol, seguramente porque se cumplía el quinto centenario. Jesús Maeso, se había adelantado.”

“Cuando escuché la noticia -prosiguió Sebastián Lozano - me produjo esa sensación de vergüenza, como si tuviésemos la necesidad de disculparnos por algo que nuestros antepasados habrían hecho rematadamente mal, habrían colonizado unas tierras a espada, sangre y fuego, habrían expoliado sus recursos y habrían, con toda seguridad, producido un genocidio, el mismo que habla la leyenda negra propagada por los ingleses desde tiempos inmemoriales, pero que con su influencia cultural desde Estados Unidos en Latinoamérica nos ha hecho pasar de la “Madre patria querida” a una España colonizadora y genocida.”
“Haber leído esta novela me ha producido el alivio que el condenado siente cuando escucha de su abogado defensor los recios argumentos finales de un juicio de que no es culpable o, al menos no tanto, porque las circunstancias le eximen”.
“Así que, en primer lugar, gracias Jesús, por dicho alivio. Y gracias también por la novela misma, por la obra literaria, por la magistral novela, que me ha deleitado al trenzar tan magistralmente el escenario histórico, la ficción y la tensión narrativa desde el principio hasta el final. Hay historia y hay literatura. Cuando terminé las seiscientas cincuenta páginas, cerré el libro y se apoderó de mí la tristeza por volver de nuevo a la realidad actual, porque tu novela me había instalado en esa España y América del XVI y no me apetecía abandonarlas. Y para hacer sentir al lector eso tiene que haber buena literatura e historia.” 
“Me propongo que hablemos de literatura y de historia, -continuó Lozano- pues ambas cosas se han cosido para producir esta fantástica novela”. “La novela comienza Se ocultaba el sol y la lluvia siseaba en la ceguera de la noche. “Después, genera un admirable ambiente de un día de invierno de 1539 en la Universidad de Salamanca donde el Santo Oficio coloca una proclama del Inquisidor General del Santo Oficio, Juan Pardo de Tavera, donde advierte de dos hechos: el ingenio mecánico maya llamado El Ojo del Tiempo que coincide con la teoría heliocéntrica de Copérnico y rechazada por la Iglesia y sobre la crónica de Ocelotl que circula por las Universidades de España, acerca de la conquista de Méjico de Hernán Cortés. El texto de la proclama es delicioso de forma y de contenido. Y el resto del libro es el relato de Ocelotl de dicha conquista realizado en Úbeda poco antes de morir, gozando de la protección del todopoderoso Francisco de los Cobos y de su mujer María de Mendoza. Por tanto, una historia escrita en primera persona.”
“La trama novelesca es la vida de Ocelotl , el protagonista de uno de los momentos clave de la historia de la humanidad, nos descubre las costumbres del imperio azteca durante la época precolombina, así como el crecimiento del propio Ocelotl como guerrero. Es una historia de amor, la de Ocelotl y Aztlán, doncella de la diosa Metztli, muchacha de la Casa del Canto, tolteca, pueblo sometido por los mexicas, que magistralmente nos lleva por el paisaje y cultura mexica y a ser testigos de primera mano de la llegada de la expedición de Hernán Cortés al continente americano y de las confrontaciones que surgen con sus habitantes. Veremos caer el imperio azteca y a nuestro protagonista estar presente en la ocultación del secreto mejor guardado del imperio. También seguiremos las aventuras de Cortés en el continente y, finamente, el viaje y las impresiones de Ocelotl cuando llega a España.”-explicó Lozano.

El libro resulta un instrumento excepcional y minucioso de la caída de Tenochtitlán, narrado por el príncipe mexica Ocelotl, que nos descubre la asombrosa vida y costumbres de su pueblo, con sus sacrificios, su ciencia y su canibalismo religioso. 
Ocelotl, nos describe asombrado la llegada de Cortés, en una colisión de civilizaciones, que ofrece al lector la caída del imperio mexica, mientras trata de ocultar a los españoles el secreto mejor guardado de los aztecas y mexica: “El Ojo del Tiempo”, un mecanismo maya que predecía el movimiento de los planetas, los eclipses y estaciones. Sustraer a los frailes e inquisidores, tras su viaje con Cortés a España, donde conocería a la alta nobleza, entre ellos a Francisco de los Cobos, que se convertiría en su protector.
“Los vientos del romance, con sus altos y bajos, la tragedia, las embestidas y amenazas de los celos de otros, los odios, las venganzas, crean una cadencia adecuada del ritmo de la trama que mantiene la tensión narrativa desde el principio hasta el final. Y esto es ya es el oficio y el virtuosismo literario de alguien como Jesús Maeso, que domina el género a la perfección, consiguiendo obras redondas como ésta.” –opinaba Sebastián Lozano.
Muy crítico Jesús Maeso con la actuación de España en el Quinto centenario de la conquista de México
El escritor Jesús Maeso agradeció la invitación y dio las gracias en nombre de los escritores por lo extraordinario de iniciativas como las llevadas a cabo en El Condado. 
Dijo Maeso de la Torre que “resultaba demoledor que altas magistraturas ministeriales sean incapaces de medir las dimensiones mundiales de la conquista de Méjico. España ha llegado tarde y mal a la celebración QUINTO CENTENARIO. Abril 1519 Yucatán y agosto: Tenotichclán.”
“¿Quién era Cortés? –se preguntó- ¿Despiadado de la leyenda negra? Era un hombre culto y dotado de sensibilidad literaria que llora con la destrucción capital (Cartas de Relación a Carlos). En Salamanca estudia gramática, oratoria y latín y en Valladolid es escribano. Hernán Cortés es el promotor de la globalización y fundador del estado de Méjico. W. Reynolds lo iguala a Alejandro Magno, Napoleón, César o Pirro o Aníbal.”
“En las Ordenanzas de 1573 no aparece la palabra conquista y Méjico alcanza la mayor opulencia de su historia, según Humboldt y Darwin.” “En sus comunicaciones pictóricas y manuscritos los aztecas lo presentan como un hombre conciliador y muy respetuosamente: Malintizín/QUETZATCOALT.”
“Cortés era un bachiller por Salamanca que había leído a los clásicos. Nunca fue vituperado por los mexica que lo tenía por el Hijo del Sol, y en sus pictogramas jamás lo denigraron. Lo llamaban Malintzín-el Señor de Malinche- princesa clave en la conquista de Méjico. Acabó con la barbarie sangriena de los mexica y asentó la bases civilizadoras del Virreinato, que el emperador Carlos le negó.”
“Fue un indómito guerrero y hábil diplomático, llano e igualitario en el trato con sus hombres, aunque perdió muchas energías en ser reconocido por su rey y nobleza por haber descubierto y conquistado un imperio esplendoroso. Ambicioso y tenaz, logró una hazaña inigualable, pero pronto sufrió las insidias y calumnias de los prebostes de su tiempo, cosa frecuente entre los héroes de España. Cortés es un vivo ejemplo de la tragedia del hombre tratado ingratamente por sus contemporáneos, como por ejemplo el rey don Carlos, Diego de Velázquez y Alonso de Estrada, a los que arrebató la gloria de la conquista adelantándose a los acontecimientos.”
“La conquista fue un gigantesco pacto de Cortés y las tribus descontentas.” 
“La conquista de Méjico la hicieron los indígenas, y la independencia los criollos. Los indios se oponen a la independencia. La verdadera matanza sistemática la perpetraron los libertadores en el trienio liberal.”

Y después se preguntó: ¿Hemos de pedir perdón por fundar la Universidad de Méjico y el Colegio Imperial México (Zumárraga) ¿Primera imprenta en América en el Zócalo? ¿Implantación de las ideas de la Utopía de Vasco Quiroga en Michoacán?
¿Explosión, ganadería, agricultura, minería y la economía global del Galeón Manila?
Fundación de Veracruz, Puebla, Zacatecas, que superan a París y Londres?
¿Obras cimeras mundiales del barroco, Historia universal en latín, español y náhuatl?
¿Casa de Comedias desde 1570?
¿Periódicos como el “mercurio Volante” o la Gaceta México en 1693?¿El náhuatl y el otomí como lenguas francas y no imposición española por FelipeII?”
“El desastre poblacional se produjo tras independencias de los criollos” -aseguró.
La conquista Méjico: razones de civilización y no genocidio
Jesús Maeso de la Torre criticó el complejo de inferioridad, la ignorancia y el oportunismo político de los gobiernos populistas de Hispanoamérica. “Es la triple mezcla de ignorancia, malevolencia política e indigenismo hipócrita que llevan a granjearse el apoyo de los indígenas.” “Para existir genocidio debe haber antes planificación y deseo por parte de la metrópoli conquistadora. Y es obvio que no la hubo, sino al contrario, hubo el ordenamiento de leyes por parte de los monarcas de España para paliar abusos y con la orden de que fueran incorporados al sistema social del Virreinato, donde su presencia era esencial.” “Tlaxcaltecas, totonacas, mayas y chalcas, estaban hartos de las arbitrariedades de Moctezuma y llevaban años sufriendo la opresión mexica que los obligaba a vestir de estameña y pagar impuestos abusivos, además de sufrir las “guerras floridas”, donde robaban millares de jóvenes para ser sacrificados en los templos de Tenochtitlán, su capital, y lo eran anualmente en un número de 20.000 ó 30.000. La llegada de Cortés fue una liberación para ellos, que le ayudaron a abatir en masa a los mexica, un fabuloso imperio de cerca de 10 millones de habitantes, populosos, guerrero y muy superior.” “Con la conquista de Méjico y del Nuevo Mundo en general el planeta entero se transforma en lo étnico, en lo cultural, y en lo económico. El mundo ya no se imagina como pueda ser, sino que España lo muestra tal como es. Una ola de prosperidad invade Europa, comienza la globalización económica con el Galeón de Manila, se inician los primeros avances tecnológicos, y el placet Hispaniae, dominará el mundo durante cuatro siglos. Cortés pudo ser más paciente con Moztezuma o Cuauhtémoc, pero sus constantes traiciones precipitaron la ruptura. Así mismo debió no permitir la quema indiscriminada de documentos de ciencia mayas y aztecas.”
“Es la ley de la Historia de la humanidad, pueblos que superponen a otros, pero España no solo conquistó, sino que civilizó y creó sociedades muy prósperas en América que valoraron muy altamente viajeros ilustres como Humboldt y Darwin. Nuestra historia es la más fecunda de los países occidentales, pues llevamos el derecho romano, el idioma, la fe y la cultura grecolatina a todo un mundo nuevo. La cabeza la tenemos que tener alta. Los angloparlantes asolaron y acabaron con todas las tribus de Norteamérica, España las civilizó y asimiló” -sentenció.

Carta de Jesús Maeso de la Torre en respuesta al presidente López Obrador
Jesús Maeso procedió a leer la carta que escribió y que fue publicad en el diario ABC y en diversos periódicos de Hispanoamérica.

“CARTA DE HERNÁN CORTÉS AL PRESIDENTE DE MÉJICO”
Mi admirado don Andrés M. López Obrador.
Le escribo esta epístola confiado en el grandioso amor que ambos profesamos a la hermosa Méjico. Mire Vuesa Merced. No es nada nuevo para España que la voz de la animadversión y los tópicos difundidos por la Leyenda Negra, -que acechan constantemente y nunca prescriben-, emerjan de vez en cuando atizados por vientos populistas, que son fáciles de establecer y difíciles de destruir
Su perverso mecanismo, lejos de remitir, veo que persiste en la actualidad. Y esa severa crítica hacia el país de sus ancestros, España, ha prendido también en usted, con una severa actitud mental y en una visión negativa de las proezas de los españoles que me acompañaron y que, estigmatizados por un pecado injusto, parecen poder redimirse jamás.
Pero créame, don Andrés Manuel, Vuesa Merced ha cedido con docilidad a una perversa mezcla: el oportunismo político, la ignorancia histórica y el resentimiento. Siendo como es descendiente muy próximo de españoles, ha sucumbido al embrujo de las pinturas sobre la conquista del artista Diego Ribera, que lucen en el Palacio Nacional con una demencial exageración y una fobia antiespañola a todas luces inmoral. Toda conquista es violenta, lo sé, pero la mía fue fruto de la astucia de mis estrategias y de las alianzas que formalicé con los pueblos sometidos por Moctezuma. Su acusación de genocidio resulta ridícula, pues es incuestionable que el número de indígenas cuyas razas aún perviven en su maravilloso país, se centuplicó en poco tiempo. 
Para que exista genocidio de una raza, antes debe haber premeditación y proyecto por parte de la metrópoli conquistadora. Ciertamente el impacto incierto de toda conquista, del que habla J. Elliot, convirtió nuestro encuentro en una dolorosa experiencia entre dos civilizaciones mutuamente extrañas. Pero resulta que la sangre de los sacrificios y las supersticiones de los mexica, sucumbieron ante la lógica de un pueblo, el español del siglo XVI, que estando en franca minoría, poseía un progreso más acendrado, una visión del mundo más universal y una moral más cercana a la protección de los derechos del hombre que la que poseía el imperio de Moctezuma. 
¿Conoce Vuesa Merced una labor colonizadora semejante propiciada por las Coronas de Francia o de Inglaterra? Yo mismo contemplé millares de cráneos apilados junto a la gran pirámide y presencié los sacrificios rituales, y el posterior canibalismo de los cuerpos de esos disparates sacrificiales. Y sí, señor presidente, determiné acabar con aquel aquelarre sangriento edificando sobre los templos de los dioses sedientos, iglesias de una religión que predica la paz y la caridad, siguiendo el precepto de lo sagrado, sobre lo sagrado.
Y escuché también con mis oídos el clamor de las tribus tlaxcaltecas o totonacas, subyugadas y humilladas con abusivos tributos-algunos solo podían vestir de estameña por mandato de los mexica de Thenocticlan-, y que aproveché para conciliar tratados que hicieron posible la conquista. Eso se llama diplomacia y poder de seducción política, señor presidente, unido al valor indómito de mis escasos hombres y la ayuda de mis aliados mejicanos.
Mis reyes, Doña Isabel y don Fernando, plasmaron en papel unas ordenanzas -Las Leyes Nuevas de las Indias y la Treinta y Cinco de Burgos, donde nos ordenaban procurar en los indios el beneficio de la civilización, del progreso económico y de la cultura romana, cristina y renacentista. 
Los conquistadores y los frailes, franciscanos, jesuitas, agustinos y dominicos, transportaron a América un modelo de sociedad basado en la integración social del indio que precisábamos para mantener la economía, que explosionó de forma espectacular en el continente, según constataron siglos después Humboldt y Darwin en sus viajes. Aún recuerdo, señor presidente, la llegada a Tenochtitlán de los primeros evangelizadores que yo había solicitado al Emperador don Carlos: “Que sean humildes, desprendidos de toda riqueza y temerosos de Dios para que así aparten a estos pueblos de las tinieblas de la idolatría sangrienta”. 
Cuando los doce frailes franciscanos cruzaron la calzada de Texcoco y entraron en la gran urbe, la muchedumbre se quedó atónita. Esperaban a unos sacerdotes de suntuoso andar y ataviados con pompa y boato y se llevaron una decepción. Los monjes del poverello de Asís, caminaban recogidos y comparecieron descalzos, orgullosos de su pobreza, con los hábitos austeros, la mirada mística y sin ningún alarde ni ostentación, mientras bendecían a los indios con humildad evangélica. El admirado pueblo mexica, al comprobar su austeridad, prorrumpió en una sonora aclamación que nos arrebató:
- ¡Motolínea, motolínea! “! ¡Son pobres, son pobres!”.
En lo sucesivo fray Toribio de Benavente, el prior, fue llamado en Méjico padrecito Motolínea, por su amor, bondad y servicio a los más modestos y débiles. Créame don Andrés Manuel, que sus viejos dioses olían demasiado a sangre y que las terribles guerras floridas que asolaban Méjico y donde miles de jóvenes eran capturados y se les arrancaba el corazón, terminaron, no a golpe de crucifijo, como Vuesa Merced asevera, sino con la palabra amable y esperanzadora que traían bajo el brazo aquellos sencillos hombres de Dios, su único consuelo ante las arbitrariedades y abusos de los conquistadores, que las hubo. 
Una civilización de hombres extranjeros se había impuesto a creencias que causaban mucho dolor entre los pueblos mejicanos. Eso sí, señor presidente, lamenté la quema de libros de astronomía, agricultura, arte y matemáticas mayas y mexica, que muchos frailes, muchos de ellos poco letrados, perpetraron quizás creyéndolos demoníacos. Comprended que las luces de la Ilustración aún no habían arribado a Europa y que el celo de fray Juan de Zumárraga, su obispo, fue muy extremado.
Sobre mi persona, puedo asegurarle, que los mismos mexica nunca me juzgaron en sus pictogramas en términos morales, y jamás me tacharon de infame o de cruel, sino que me vieron como el Dios Blanco, Quetzalcóatl, o el malintzín- el Señor de Malinche, mi brazo derecho en la conquista de Méjico.
Admitan con usted los gobernantes hispanoamericanos- no latinoamericanos como inventaron los franceses- la irremediable realidad de la norma de la historia del hombre. Unos pueblos, más poderosos en fe y en medios, se superponen a otros como dinámica inapelable de la historia, como a los españoles nos ocurrió con los cartagineses, romanos, godos o árabes. Así mismo, los mexicas esquilmaron e hicieron desaparecer a las tribus originarias de Anáhuac con despiadada crueldad. No nos juzgue tan severamente, señor presidente, cuando dejamos en su país una raza mestiza nueva, universidades, edificios gubernamentales, ciudades y un comercio próspero. 
Repase la historia y se sorprenderá que al concluir el Virreinato de Nueva España, fueron precisamente los próceres de las Independencias Americanas, criollos en su mayoría y libres ya de la Corona de España, los que incautaron tierras, devastaron razas, -recuérdese Chile y Bolivia-, sin detenerse a valorar los provechos mutuos de la concurrencia de razas que sí valoró la Corona de España y los primeros conquistadores.
Admito que la regla áurea de toda conquista lleva aparejada la violencia, pero España asimiló a la América india y la admitió en su modelo de sociedad, extremo éste que jamás concibieron franceses, ingleses u holandeses en sus colonias.
Acérquese a la novela Comanche (Ediciones B) e ilústrese con la famosa “Paz del Mercado” llevada a cabo por el gobernador de Nuevo Méjico, Juan Bautista de Anza, por la que todas las tribus indias de la frontera se beneficiaron del intercambio económico entre españoles y nativos durante siglos. Cuando aparecieron los americanos angloparlantes, simplemente los eliminaron de la faz de la tierra.
Y no crea, señor presidente, el emperador Carlos no me citó jamás en sus memorias, y me hurtó los cargos que por derecho de conquista debí poseer, contentándome con un marquesado. Creyó que era bastante para un advenedizo como yo. Lo seguí por España y Orán para que me los reconociera, pero mi rey no valoró las hazañas de los conquistadores en el Nuevo Mundo, una epopeya que cambió la concepción del mundo y lo transformó en sus cuatro puntos cardinales.
España, dilecto presidente, precisamente con sedes mejicanas de llegada-Veracruz- y de partida-Acapulco, creó el Galeón de Manila, primer ensayo de globalización económica conocida por la humanidad, que enriqueció a Méjico.
Ilústrese con las opiniones no españolas de John Elliot, Seeker Arnolsson, J.M Selleman, C. Lummis o Stanley Payne, o lea la reciente novela del académico de la Norteamericana de la Lengua de N.York, <Los Hijos del Sol>, Morgan de Scott, donde conocerá la auténtica historia de la conquista narrada por un príncipe mexica, y verá cómo no fue como usted sostiene, una imagen de tópicos y medias verdades y presentismos históricos inadmisibles.
Y si yo fuera un consejero de mi rey don Felipe VI, le sugeriría que no pidiera la menor disculpa por haber escrito España una de las páginas más capitales de la Historia de la Humanidad, cuyo rumbo cambió definitivamente. Si acaso le rogaría que os contestara como don Quijote hizo a Sancho al caso del grito de Santiago y cierra España: - “¿Es que acaso está abierta, señor? -le preguntó el escudero-. “Sí, amigo Sancho, está abierta en canal a los pueblos hermanos de las Indias”. Y así seguimos, válgame el cielo.
Hernando Cortés de Monroy, marqués del Valle de Oaxaca. Que Dios conceda, a vos y a vuestro pueblo, al que tanto amo, bienes, paz y mercedes”.